Skoda Fabia 1.0, un pequeño corazón que late con fuerza

El Fabia es uno de esos automóviles que agradan a simple vista, porque luce un diseño simple y funcional, aunque su mayor virtud no es la apariencia sino que su notable calidad de fabricación. En esta prueba examinamos el desempeño de la versión equipada con el motor tricilíndrico de 1.0 litro, un bloque del que no esperábamos mucho, para ser sinceros, pero que nos asombró con una respetable vivacidad.   

De Skoda podemos escribir mucho, de su posicionamiento global, de la gama de productos, de sus logros en el rally e incluso de su historia. Pero lamentablemente no podemos decir que se trata de una de las marcas más vendidas o conocidas en nuestro país, porque su presencia está acotada a un grupo de compradores pragmáticos, esos inquisitivos personajes que basan su decisión en hechos concretos… no en insignias o frases rimbombantes.

Y en ese mundo especializado se mueve el Fabia, un ejemplar que ya cuenta con tres generaciones a su haber. Es un hatchback encasillado en el segmento B, registrando 3.992 mm de largo, 1.958 mm de ancho, 1.467 mm de alto y 2.470 mm de distancia entre ejes; lo sostiene una plataforma de tipo modular MQB, que es la misma base presente en el Volkswagen Polo y Seat Ibiza, entre muchos otros modelos del Grupo Volkswagen.

La carrocería exhibe trazos bien marcados y simétricos, destacando en la proa el resalto central del capó y el elegante marco cromado que rodea a la mascarilla. Esta versión es bicolor, por lo que el techo combina con las llantas (16”) y con la carcasa de los retrovisores.

En la vista lateral queda en evidencia un detalle curioso, que es el exagerado espacio libre que existe entre el borde del arco de rueda y el neumático mismo, como si se tratara de una versión tipo outdoor; de inmediato dan ganas de montar llantas de mayor diámetro…porque espacio hay de sobra.

Materiales de calidad

Cuando abrimos las puertas lo primero que notamos fueron esas increíbles butacas deportivas, casi aptas para la variante RS. En ellas los bordes laterales ofrecen una férrea sujeción y el apoyacabezas forma una sola pieza con el respaldo, un recurso que incrementa su aspecto deportivo. La banca trasera es normal, concordante con el tipo de vehículo que estamos analizando, aunque es importante comentar que en ella pueden ubicarse tres viajeros adultos con un aceptable nivel de comodidad.

La calidad de los polímeros nos dejó complacidos, sobre todo ese plástico rugoso con el que fue confeccionado el tablero. Se une con otro material, mucho más rígido, pero aún así no detectamos crujidos que acusaran falta de prolijidad en los ensambles. La empuñadura del volante es gruesa y anatómica, y ante los ojos del conductor se alza un cuadro de instrumentos digital que simula ser analógico; la lectura de la información es inmejorable.

La postura ideal para conducir se logra en cuestión de segundos, aunque no podemos pasar por alto que el selector de la caja automática está un poco desplazado hacia atrás, por lo que a un usuario de baja estatura no le resultará tan accesible después de avanzar la butaca. En términos de volumetría no detectamos asuntos que criticar, porque se trata de un hatchback compacto en el que el espacio disponible está muy bien aprovechado; el compartimiento de carga recibe 330 litros, 30 litros más que el de un Renault Clio.

Veloz y eficiente  

¿Qué distingue a este Fabia?… el motor. Lo mueve una planta motriz downsizing de tres cilindros, un bloque que ofrece discretos 999 cm3 de desplazamiento, suficiente para producir 110 CV a 5.000 rpm y un torque de 200 Nm desde las 2.000 vueltas por minuto. Por supuesto que dispone de inyección directa, turbo e intercambiador de calor, la tecnología necesaria para obtener estos altos erogues con tan baja cilindrada.

El citado bloque interactúa con una transmisión automática de siete velocidades, un conjunto DSG (doble embrague) de alta eficiencia que nos permite sacarle trote a este pequeño motor gasolinero; en la ficha de homologación se anuncia un rendimiento promedio de 18,7 km/l. Pero este Fabia no es sólo ahorrador, sino que también muy veloz, destacando en este sentido esos 9,8 segundos que tarda en pasar de 0 a 100 km/h.

En la ciudad el motor nos entrega suavidad y progresión en las respuestas, lo que por supuesto nos llevó a preguntarnos cómo se comportaría al ser sometido a exigencias mayores. Y justamente eso hicimos, lo llevamos a la carretera para explorar sus límites, barreras que tardamos en hallar incluso en escenarios poco aptos para un automóvil urbano…como la Cuesta Chacabuco por ejemplo.

Pero está claro que un buen motor no brillará por sí solo. En este Fabia se dispone de una dirección responsiva en todo momento, de una transmisión exenta de titubeos y de una suspensión absolutamente aplomada, pese a su largo recorrido lineal. ¿Cómo se obtuvo una calibración así de perfecta? La respuesta la encontramos en la plataforma MQB… es una base probada incluso en modelos de Audi, por lo que no esperábamos menos de ella.

Este pequeño Fabia corre como si en su pecho palpitara un corazón mucho más grande, entrenado para actividades deportivas. Claro que la potencia se nota más que el torque, pero esta debilidad podemos atenuarla apoyándonos en el modo manual/sport de la caja de cambios; bajando a tercera obtendremos un gran poder de aceleración, ideal para adelantamientos.

En cuanto a seguridad tampoco tenemos dudas, porque esta unidad además de ofrecer frenos de discos en las cuatro ruedas con ABS, incluye de serie controles de estabilidad y tracción, bloqueo electrónico de diferencial (EDS) y cuatro airbags. Su precio es de $12.590.000, una cifra muy razonable considerando lo mucho que este producto nos entregará a cambio.

Exhibe un diseño exterior geométrico, colmado de líneas rectas y trazos muy bien marcados. Mide 3.992 mm de largo y la distancia entre ejes se extiende hasta los 2.470 mm.
El puesto de manejo es bastante simple y la ubicación de sus mandos no ofrece complicaciones al usuario.
Las butacas son perfectas, con bordes laterales prominentes y apoyacabezas formando una sola pieza con el respaldo.
Un detalle bastante curioso, es que existe una considerable distancia libre entre el arco de rueda y el neumático mismo.

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