Honda Accord, cuatro décadas de evolución

Muchos momentos agradables vivimos al conducir esta décima generación del Honda Accord, aunque la mejor de las sensaciones nos las obsequió esa eficiente transmisión automática de diez velocidades, un conjunto que convierte al motor turbo de 2.0 litros en una enérgica planta impulsora.

El Accord es un sobreviviente, un sedán que ha resistido la embestida de los SUVs y crossovers, para seguir deleitándonos con su elegancia. Fue presentado en 1976 en un formato menos señorial, y en más de cuatro décadas ha sido capaz de poblar las calles del mundo y recibir innumerables galardones. Esta creación de Honda Motor pertenece al segmento E, el mismo espacio comercial que ocupan el Mazda6 y Peugeot 508, entre otros.

El diseño exterior es absolutamente atrevido, colmado de soluciones innovadoras y luciendo un estilo bastante propio, un lenguaje que sólo hablan los ejemplares Honda y que los define desde el primer momento. Es una berlina de tamaño considerable, con 4.882 mm de largo, 1.862 mm de ancho, 1.460 mm de alto y 2.830 mm de entrevías, cotas adecuadas para un automóvil de representación que está obligado a satisfacer paladares exigentes.

La única versión disponible cuesta $26.990.000, monto que garantiza la presencia de un completo equipamiento orientado a la seguridad, ámbito en el que destaca el paquete Sensing, un conjunto de ayudas electrónicas integrado por los dispositivos Control de Crucero Adaptable (ACC), Frenado con Mitigación de Colisión Frontal (CMBS), Asistencia de Mantenimiento de Carril (LKAS), Alerta de Salida de Carril (RDM), Aviso de Punto Ciego (BLINDSPOT), y Monitor de Tráfico Cruzado.  

Subrayando la elegancia

En la superficie del tablero lo primero que se advierte es la pantalla táctil de 8”, un monitor de alta resolución que brinda acceso a las plataformas Apple CarPlay y Android Auto; en materia de conectividad el Accord no escatimó recursos. El sistema de sonido ofrece diez parlantes, una potencia de 450 watts y subwoofer incorporado. El citado monitor exhibe íconos grandes, fáciles de reconocer, y son esas dos perillas ubicadas en las esquinas lo único que rompe la armonía tecnológica.

Se logra una postura perfecta para conducir, sin que importe la complexión del piloto. El volante es del tamaño correcto, aunque los montantes colmados de pulsadores impiden empuñarlo sin temor a presionar botones de manera involuntaria; está claro que en su afán de maximizar la ergonomía los fabricantes a veces se equivocan.

La selectora de la caja automática se presenta como una consola con cuatro pulsadores mediante los cuales se activa el Parking, la reversa, la posición neutra y la directa; más abajo están los controles que sirven para activar las modalidades Eco y Sport. En un principio este panel de control se percibe extraño, pero en poco tiempo el usuario se acostumbra a su especial configuración; lo bueno es que también hay paletas detrás del volante, por si alguien desea conducir manualmente.

Los asientos frontales son amplios, pero la sujeción lateral podría ser mejor. La banca trasera cuenta con el espacio suficiente para que en ella se acomoden tres viajeros, aunque el túnel central del piso parece tener otra idea al respecto; es una elevación bastante exagerada. El maletero recibe 470 litros con todos los asientos en uso, un volumen levemente inferior al que ofrecen el Mazda6 (480 litros) y el Peugeot 508 (487 litros).

Refinamiento deportivo   

Partamos de la base que el Accord es un sedán de gran tamaño, por lo que antes de sacarle trote debemos tomarnos el tiempo para conocerlo en profundidad. Algunos kilómetros en la ciudad y otros tantos en una autopista urbana son suficientes, experiencia que nos ayudará a entender sus peculiaridades, como son el uso del panel con el que se opera la transmisión automática y cómo se percibe la transferencia de peso al frenar y doblar, considerando que sólo el 38% de sus 1.546 kilos reposan sobre el eje trasero.

Luego del examen previo nos quedó claro que no se trata de una berlina perezosa ni mucho menos carente de deportividad. El motor turbo de 2.0 litros, equipado con inyección directa y distribución variable, está en condiciones de erogar 247 caballos junto a un torque de 370 Nm desde las 1.500 vueltas por minuto, suficiente energía mecánica para llevarnos a más de 230 km/h; no esperábamos menos de una planta motriz turbo.

Las aceleraciones son lineales y consistentes, sin que les afecte la pendiente positiva del camino. Lo mismo pasa al solicitar torque, siendo la rápida respuesta frente a las desaceleraciones y el considerable empuje que se obtiene incluso en los últimos escalones de la transmisión sus más valiosas cualidades, un torrente de energía que es sabiamente administrado por la caja automática de diez velocidades.

En el citado conjunto transmisor los diez desarrollos se notan, no son un simple truco publicitario, especialmente cuando optamos por la modalidad Sport. Es una caja veloz y de agradable tacto, punto este último que resulta fundamental considerando que el Accord es una berlina de turismo, y no un GT al que se le perdonan toda clase de asperezas.

La plataforma es brillante, eficiente en las curvas y confiable en la carretera. La suspensión se siente más rígida que confortable, lo que nos parece una buena decisión considerando el performance desplegado por el motor, siendo además la progresiva transferencia de peso desde proa a zaga uno de sus más poderosos argumentos; nos infunde mucha confianza en caminos revirados.

Las ayudas electrónicas se cuentan por docena, eso está claro, pero aún así el Accord se percibe como un automóvil que se deja gobernar. En ningún momento el conductor se siente relegado a un segundo plano, menos cuando hacemos uso de los frenos, un sistema que en ningún momento acusó fatiga producto de la alta temperatura propia del uso desmesurado.

El Accord se ofrece en una solitaria versión, por lo que su nivel de equipamiento no deja espacios desatendidos, en ninguno de los ámbitos; cuesta $26.990.000.
El puesto de manejo permite una inmejorable posición, elevada nota que se ve disminuida por la excesiva presencia de pulsadores en el volante.
En la banca trasera hay espacio suficiente para acomodar a tres viajeros, pero ese enorme lomo central del piso afecta la comodidad de quien va en medio.

Los comentarios están cerrados.