Mazda3, la evolución del lenguaje “Kodo”

Antes de enumerar las novedades presentes en esta cuarta generación del Mazda3, es importante repasar algunos datos históricos. Es el sucesor del recordado 323 y su estreno oficial se produjo hace 15 años, tiempo en el que ha acumulado más de seis millones de unidades vendidas en el mundo y 140 premios en diferentes ámbitos; en Chile el modelo representa el 27% de las colocaciones totales de la marca.

También es válido, para entender la evolución experimentada por este producto, referirnos al nuevo posicionamiento que busca Mazda, no sólo a nivel local sino que internacional. El fabricante de Hiroshima anunció que tiene firmes intenciones de convertirse en una marca premium, pasando antes por el ineludible grado de premium generalista, tal como lo está haciendo Peugeot.

Los ejemplares Mazda tienen muchos argumentos y atributos para lograr ese objetivo, mérito que en el caso del renovado Mazda3 cobra mayor vigencia. Pero aclaremos un punto… pasarse a las ligas premium no toma poco tiempo, es un proceso largo, un camino que debe recorrerse con mucho cuidado porque en este ambiente una caída no pasa desapercibida; en los generalistas los errores son tolerables, en el club de los aspiracionales no.

La primera generación se mantuvo vigente entre 2004 y 2009, serie de la que se vendieron 2.2 millones de unidades. La segunda camada abarcó el periodo entre 2009 y 2014, registrándose en este caso 1.4 millón de unidades puestas en las calles. La tercera evolución se presentó en 2014 y sus actividades finalizaron el año en curso, anotándose 2.4 millones de unidades vendidas.

Mejoras evidentes    

El nuevo Mazda3 sigue ofreciendo las siluetas hatchback y sedán, aunque esta vez se definió de mejor modo la personalidad de los citados formatos. El hatchback no esconde su esencia deportiva, mediante detalles “black piano” en el exterior, mientras que el ejemplar de tres volúmenes ostenta soluciones elegantes y sofisticadas, una vestimenta que le sienta muy bien por cierto.

Sin calificar la configuración de la proa como un acierto o un yerro, nos queda claro que ese frontal “trompudo” es un rasgo característico de los ejemplares Mazda, una parte fundamental del lenguaje Kodo, término japonés que se refiere al Alma del Movimiento; y justamente esta metodología es la sólida base que sostiene las ambiciones del fabricante nipón.

El hatchback mide 4.460 mm de largo, 1.795 mm de ancho, 1.435 mm de alto y cuenta con 2.725 mm de distancia entre ejes. En el sedán la primera cota aumenta en 200 mm para quedar en 4.660 mm, y la altura gana 5 mm; lo demás queda intacto. En el primer formato la capacidad del maletero es de 305 litros, mientras que en la variante de cuatro puertas se pueden depositar 454 litros dentro del baúl; es una oferta volumétrica normal para el segmento y siluetas de las que estamos hablando.

En el habitáculo se percibe un rediseñado volante, una nueva presentación de la consola central, un pomo de cambio más anatómico y un cuadro de instrumentos más fácil de consultar. Destacan además las elegantes aplicaciones cromadas que recorren la zona media del tablero y, más importante aún, es la presencia de una pantalla digital de 8,8″ que no es táctil, sino que se opera mediante una mando giratorio, decisión que obedece a asuntos de seguridad; en la marca ven como un factor distractivo a esos monitores touch, opinión que compartimos plenamente.

El citado sistema de infotenimiento (MZD Connect) es compatible con las dos plataformas más usadas en la actualidad y, en lo que respecta a equipamiento basándonos en el nivel más bajo del line up, es decir las debutantes versiones S, nos encontramos con la grata sorpresa que en el ítem seguridad se incluye Control de Estabilidad, frenos ABS y siete airbags, reservando los avisos de Punto Ciego y de Tráfico Cruzado a las unidades GTX, que es la cúspide en materia de equipamiento.

Dos motorizaciones

En el ámbito técnico hay pocas novedades, excepto que la suspensión trasera pasa de ser multibrazos a barra de torsión, cambio que sin afectar la suavidad y estabilidad de marcha permitió ganar algunos litros en el maletero. Todos los integrantes de esta familia disponen del sistema G-Vectoring Control Plus, un conjunto de mejoras mecánicas y electrónicas encargadas de repartir equitativamente el par a las ruedas responsables de ejercer tracción, desde ahora sumando en dicha tarea la acción de los frenos.

El motor gasolinero de 1.6 litro nos dice adiós, dándole paso a los bloques SkyActiv-G de 2.0 y 2.5 litros. Los erogues son 153 y 186 CV, respectivamente, mientras que la oferta de torque es de 200 Nm para el bloque menor y de 252 Nm para la unidad con mayor desplazamiento. En el caso del hatchback ambas motorizaciones pueden unirse a cajas mecánica y automática, de seis marchas las dos, y en el sedán el motor de 2.5 litros sólo puede elegirse asociado a un conjunto automático.

El nuevo Mazda3 estará disponible desde el 1 de septiembre, con un line up compuesto por cinco versiones del hatchback y cuatro variantes del sedán. Los precios en el caso de la carrocería cinco puertas oscilan entre los $12.990.000 y $18.490.000, en tanto que para los ejemplares de tres volúmenes la lista parte en $12.990.000 y termina en $17.990.000. Se espera una venta anual de 4.000 unidades.

Para lograr una perfecta conexión entre hombre y máquina, lo que en la marca definen como Jinba-Ittai, se ofrece un habitáculo acogedor y ergonométrico.
La variante hatchback exhibe un diseño deportivo y juvenil, con detalles “black piano” y las osadas soluciones del lenguaje estético Kodo.

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